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La Chiquitanía, el espíritu de las misiones

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La Chiquitanía boliviana atesora el espíritu de los jesuitas. Sacerdotes que hace más de 300 años llegaron a esa llanura de América del Sur en Bolivia. Un lugar donde se amalgama el encanto natural con las tradiciones y templos. La cultura chiquitana es rica por donde la veas.

Los libros de historia aseguran que, cuando los conquistadores españoles llegaron a esa zona, a inicios del siglo XVI, encontraron varios poblados abandonados. Pero lo que más le les llamó la atención era que las casas tuvieran puertas de apenas medio metro de altura. Los europeos creyeron que sus habitantes eran pigmeos y por eso los llamaron “chiquitos”. No hay respuesta a ese misterio porque los pobladores originarios eran más altos que el promedio de los conquistadores.

Para llegar a la Chiquitanía se debe partir de Santa Cruz de la Sierra. A pocos kilómetros de marcha el ambiente muta a rural. Pastizales, ganado, casas de adobe con techos de palmas y tejas. El recorrido dura aproximadamente 3 horas por carreteras en perfecto estado. Allí termina lo llano y se ven las primeras estribaciones de la llamada serranía de Santiago también el típico bosque de las palmeras denominadas Yatay.

San Xavier, la primera iglesia de la Chiquitanía

San Xavier o San Javier, es una villa tranquila. Se encuentra ubicado a 220 km de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, capital del departamento, y se halla a una altitud promedio de 540 msnm. Su fama se funda en poseer la primera iglesia de las Misiones Jesuíticas en Bolivia.

El desarrollo turístico no está del todo explotado. Pero el amor de la gente por su ciudad facilita todo. Son ellos quienes le indican al turista dónde puede alojarse y lo alientan a conocer la iglesia, la casa de Germán Busch y Aguas Calientes.

Los misioneros fundaron este pueblo en 1691 tras convencer a los nativos de dejar la selva para llevar una vida pacifica, según afirma monseñor Antonio Bösl en su libro “Tesoros de la iglesia chiquitana”.

Además, en ese lugar hace más de 300 años el misionero, arquitecto y músico Martín Schmid construyó uno de los seis templos de las Misiones, entre 1749 y 1752. Hoy el sitio esta declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Descripción

Detrás de muros de piedra y una iglesia de madera está, primero, el museo que conserva la antigua campana, las partituras del coro, lienzos, angelitos tallados, instrumentos y máscaras de yarituses, abuelos que representan una danza típica.

En el patio está la torre del campanario de madera torneada. El templo está decorado además de imágenes religiosas con varias de la naturaleza, sobresalen los ángeles tallados, símbolos de la cultura chiquitana.

Concepción, el templo más grande de la Chiquitanía

Concepción se funda el 8 de diciembre de 1708. Lo hace el jesuita Lucas Caballero. Catorce años después es trasladada por los misioneros Juan Benavente y Carlos de Mata, a su ubicación actual. La topografía presenta paisajes atractivos de bosques y sabanas abiertas arboladas. La Catedral de Concepción es el templo más grande de las Misiones de la Chiquitanía. La torre del campanario está afuera y tiene una escalera tipo caracol hecha de madera.

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En el Museo de Concepción se atesoran 3011 hojas manuscritas y 5700 partituras del Archivo Musical de Chiquitos. Todo se halló durante la restauración de los templos de Santa Ana y San Rafael. “Es considerada la colección de música barroca indígena más importante de América del Sur”, según el Vicariato Apostólico de Ñuflo de Chávez.

El templo de Concepción se construyó entre 1752 y 1753, es el tercero levantado por Martín Schmidt y el de mayor tamaño. Se restauró entre 1975 y 1982 bajo el patrocinio de monseñor Eduardo Bösl de los Frailes Menores.

San Ignacio de Velazco, la más alejada

De camino a San Ignacio, distante a 500 kilómetros de Santa Cruz el paisaje cambia y aparece el bosque Chiquitano, la puerta al Parque Nacional Noel Kemp Mercado, Patrimonio de la Humanidad, que tiene árboles que sólo existen en este lugar, como el roble, morado y tarara.

Al recorrer el lugar como un turista, se puede regocijarse de las galerías de hamacas, de la grandiosa laguna Guapomó y del templo, que tiene uno de los retablos más perfectos, diseñado por Martín Schmidt.

San Ignacio conserva su pasado casi incólume. El templo tiene un brillo propio aportado por la majestuosidad de los tallados en madera. En 1948 se destruyó parcialmente por un incendio. Entre 1998 y 2001 se realiza la reconstrucción de la iglesia. De la época jesuítica se guardan las obras de arte del interior del templo, donde despuntan las majestuosas columnas de madera y el retablo mayor, con detalles de pan de oro y mica.

Miguel Cabrera
Author: Miguel Cabrera

Soy Periodista especializado en turismo religioso

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©2019 Los Cabrera Comunicación - ISSN 2683- 8435

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