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Virgen María en América, el amor de un pueblo

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El primer encuentro del nativo americano con la Virgen María se concretó con la evangelización de los sacerdotes que llegaron con los conquistadores españoles y portugueses. El propio Cristóbal Colón tenía una devoción especial por la Virgen María. Y prueba de ello son su estandarte, y bautizar Concepción a la segunda de las islas donde arribó. Más tarde, en su regreso a América levantó en Santo Domingo un templo consagrado a Jesucristo y a su Madre Santísima.

Hay autores que aseguran que, para los pueblos originarios de esas tierras, la Virgen María representaba a la Madre Tierra. El ejemplo más claro de esta teoría es el cuadro existente en el Museo Nacional de Arte (La Paz, Bolivia) donde María y el Cerro de Potosí son un todo. En el lienzo se muestra la montaña con rostro femenino y un par de manos con las palmas abiertas. Es la imagen de María inserta en el cerro y coronada por la Trinidad. Al pie pueden verse el papa Pablo III, un Cardenal y un Obispo. En el lado opuesto, Carlos V y un nativo cuya capa ostenta la cruz de Alcántara, seguramente se trata de un cacique donante. En la falda del cerro está el Inca Maita Cápac.

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Virgen del Cerro de Potosí, 1720. Museo Nacional de Arte, La Paz, Bolivia.

Otros, más osados, aseguran que sus representaciones en imágenes elaboradas por ellos lo dejaron claramente expresado. Su tez morena simbolizando la tierra y el manto con estrellas representando el firmamento.

La Virgen María y su primera señal en América

El primero de los eventos más importantes ocurridos en América que sellaron de forma profunda la devoción por la Virgen María es sin duda Guadalupe. La conquista de lo que hoy conocemos como México comienza en 1519 con la llegada de Hernan Cortez. Junto a él llegaron misioneros franciscanos, y más tarde, dominicos.  La evangelización no fue una tarea fácil, la mayoría se daba en el marco de un sincretismo con leyendas locales.

Es durante el obispado (de 1530 a 1546) del Franciscano Juan de Zumárraga, apodado el “el protector de los indios” que las cosas comienzan a cambiar. En su libro Historia de los Indios de Nueva España, Toribio de Benavente, asegura refiriéndose al año 1534: “ya habían sido bautizados más de cuatro millones, y se espera para el año siguiente el total de bautizados de esas tierras llamadas de Nueva España alcance a unos nueve millones”.

Un hecho trascendente

Un lector desprevenido puede pensar que el Obispo llevó a cabo nuevas prácticas para evangelizar y logró, así, esa cantidad masiva de bautismos. Lo cierto es que la bisagra se dio el 9 de diciembre de 1531. En ese momento la Virgen María, hablando en lengua nativa se presenta frente a San Juan Diego y le dice “hijo mío, yo soy vuestra piadosa madre”. Luego le pide que se le construya una casa entre sus hijos.

Claramente la Virgen María al presentarse y al hablarle en su propia lengua se constituye en un ser que armoniza con la cultura y el idioma nativo. En ese acto la Virgen es un par del originario. En ese cerro no hay tronos ni alfombras, una clara muestra de reconocer la dignidad de sus hijos. Y la prueba más contundente es cuando lo nombra “Iuantzin Iuan Diegotzin”. La terminación “-tzin” en lengua náhuatl significa reverencia y respeto.

Esa madre que quiere proteger a sus hijos, ante la incredulidad de los poderosos, demuestra su actitud haciendo nacer rosas de Castilla en tiempo inadecuado. Pruebas irrefutables para convencer, de manera pacífica, al Obispo y conseguir la salvación de sus hijos aztecas.

Relatos históricos afirman que en la procesión que hizo Zumárraga de la ciudad de México hasta el Cerro Tepeyac con la tilma de San Juan Diego los nativos gritaban a su paso “¡Noble indita, noble indita, Madre de Dios! ¡Noble indita! ¡Toda nuestra!”.

Guadalupe no es un caso aislado

En todo el Nuevo Continente la devoción mariana se va propagando a través de imágenes y títulos. Cuya tradición va siempre en el mismo sentido, la protección de oprimidos y marginados. Llega así otro hito relevante en la introducción de María en América Latina, Copacabana. Con ella comienza a desarticulares la fuerte idolatría pagana que estaba arraigada en la zona del llamado Virreinato del Alto Perú.

La historia relata que los Incas construyeron, en el lago Titicaca, dos templos. Uno erigido al sol junto a la piedra sagrada y en otra isla cercana otro a la luna. Junto a ellos había construcciones de vivienda para los sacerdotes y albergues para los peregrinos. Por otro lado, está el culto a la Madre Tierra bajo el nombre de Pachamama. Autores aseguran que la conexión entre la Virgen Maria y esta adoración pagana se da con la talla de Virgen realizada por Francisco Tito Yupanqui en 1580.

Claramente este es un nuevo principio de la maternidad como anagrama de la nueva teología popular mariana en América Latina. En el universo azteca la maternidad va es percibida en clave de “nantzin”, madre del hogar, en el mundo aymará se desentrañará en la nueva y curiosa dimensión de la Madre Tierra.

La Virgen María y la liberación del Continente

Claramente con el paso de los años la Virgen María se fue constituyendo en la Madre de Latinoamérica. Por la devoción de los nativos conversos, la llegada de más españoles y portugueses, amalgamados con la fe que fueron construyendo los criollos.

Cuando comienzan los movimientos independentistas, la Madre del Continente, se invoca para lograr protección e impulso. La devoción mariana sumado a toda la carga simbólica de títulos patronales, ya arraigada, ayuda a consolidar el proceso libertario.

Virgen maria como nuestra señora de la merced
Nuestra Señora de la Merced con el bastón de mando entregado por el General Belgrano

El general argentino Manuel Belgrano, luego de su triunfo en la batalla de Tucumán, nombra a la Virgen de la Merced, como Generala del Ejército, dejando asentado que la victoria se debió “a Nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya protección nos pusimos”.

Otro general de la misma nacionalidad, José de San Martín, antes de realizar la epopeya del cruce de Los Andes, eligió Generala de su Ejército a la Virgen del Carmen, del convento de los Franciscanos de Mendoza, y como a tal le entregó su bastón de mando. En Chile, por su parte el general O’Higgins hace lo propio, y hoy Nuestra Señora del Carmen del Monte Carmelo es la patrona de ese país.

Mas pedidos de protección a la Virgen María

En la independencia mexicana, es acreditada la figura del cura Hidalgo con los incipientes insurgentes caminando al Santuario de Atotonilco. En ese lugar quita de la sacristía la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, para colocarla en una lanza, enarbolándola como estandarte de su ejército. Es así como al grito de “Viva la Virgen de Guadalupe”, arremete sobre San Miguel el Grande, hasta triunfar en Celaya.

El venezolano Simón Bolívar, en repetidas ocasiones, rinde honores a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá. Los libertarios de Ecuador antes de la arremetida final se colocan bajo la protección, también, de la Virgen de las Mercedes, a fin de que se condescendiese el triunfo.

A modo de reflexión

El historiador británico Arnold Toynbee señala que, tal cual la entendemos hoy, la personalidad de Latinoamérica nació con Nuestra Señora de Guadalupe. Él escribe “la originalidad histórica cultural que llamamos América Latina. Esa identidad se simboliza muy luminosamente en el rostro mestizo de María de Guadalupe que se yergue al inicio de la Evangelización”.

Con estos hechos, por nombrar algunos, queda claro que la Virgen Maria como Madre Libertadora, es un claro punto de referencia para entender el amor popular y el porque es la patrona de todos los países que forman el Continente Americano.

Miguel Cabrera
Author: Miguel Cabrera

Periodista especializado en turismo religioso

©2021 Los Cabrera Comunicación ISSN 2683-8435

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