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Las Estancias de la Orden del Papa Francisco

estancias jesuiticas

Ningún otro paseo serrano sintetiza mejor la belleza del paisaje, el valor patrimonial y el espíritu religioso que el llamado Camino de las Estancias Jesuíticas. Recorridos que pueden comenzar en cualquier lugar de las sierras cordobesas en el centro de la Argentina. Todas esconden tesoros arquitectónicos e históricos y acreditan la declaración de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

estancias jesuiticas

Las cinco estancias y la manzana jesuítica en la capital provincial se construyeron hace cuatro siglos. Lo hicieron los sacerdotes de la Compañía de Jesús, Orden a la que pertenece el Papa Francisco.

Los muros de las iglesias jesuíticas, las rancherías, las residencias de los padres y demás instalaciones típicas (ruinas de molinos y antiguos hornos) que caracterizan a estos establecimientos permiten un viaje a la Córdoba colonial.

Las primeras estancias

De las cinco estancias, la de mayor actividad cultural es la de Alta Gracia (construida en 1643), a sólo 36 km de Córdoba. Allí funciona el Museo Nacional Casa del Virrey Liniers y, además de los recorridos guiados por sus patios, salones y galerías, siempre se ofrecen conciertos, muestras plásticas y disertaciones.

La estancia de belleza más imponente, en tanto, es la de Santa Catalina, que además tiene el atractivo de una reciente restauración que la dejó tal como la pensaron los jesuitas. Al cabo de cuatro años de tareas, se logró recuperar la estructura original, el blanco de las paredes y una iluminación que resalta su belleza.

De todas las estancias, es la única que permanece en manos privadas, por lo que el ingreso a algunos sectores está vedado al público. De cualquier manera, tanto la construcción como su entorno natural alcanzan para satisfacer la curiosidad de los turistas más ávidos.

Visitar Santa Catalina tiene otra ventaja, y es que está próxima a otras dos estancias que también guardan valiosos tesoros. La de Colonia Caroya (1616) y la de Jesús María (1618), que fueron el primero y el segundo establecimiento rural organizado por los jesuitas en esta región, respectivamente. Jesús María fue reconocida porque allí se elaboró el primer vino que llegó al rey de España.

La Candelaria

la candelaria

La estancia de La Candelaria, en cambio, es la más agreste e inexplorada. El obstáculo no son los 220 kilómetros que la separan de la ciudad capital, sino el camino sinuoso y desértico que hay que recorrer para llegar.

En plena sierra, en el oeste de la provincia, es un raro caso de mezcla de fortín con residencia, más la capilla de rigor. Parte de la construcción, como las habitaciones de los esclavos, estuvo en ruinas durante años y es difícil imaginar que en ese desolado lugar vivían 134 esclavos negros.

Sin embargo, las autoridades de Patrimonio Cultural de la provincia hicieron un minucioso trabajo para rescatar el altar, recuperando el colorido del barroco de la época, y también un mueble de cedro y algarrobo del siglo XVII, que está en la sacristía de la capilla.

Aunque sin el marco natural privilegiado que ofrecen las estancias, la manzana jesuítica de la ciudad capital, que comenzó a construirse en 1608, acredita una riqueza patrimonial inigualable. El edificio de la iglesia de la Compañía de Jesús, con su Capilla Doméstica y la Residencia de los padres. El Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba, con su imponente Salón de Grados y la Biblioteca Mayor, y el Colegio Nacional de Monserrat integran un conjunto recorrido por siglos de historias que esperan ser descubiertas.

Miguel Cabrera
Author: Miguel Cabrera

Soy Periodista especializado en turismo religioso

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©2019 Los Cabrera Comunicación - ISSN 2683- 8435

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