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Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina

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Para entender la devoción que despierta en Argentina Nuestra Señora de Luján debemos remontarnos poco más de tres siglos atrás. Después de la ola inicial de entusiasmo religioso que asedió a los conquistadores españoles y los primeros colonos en la parte sur del hemisferio occidental, muchas comunidades sufrieron recaídas, particularmente aquellas que estaban aisladas y por lo tanto se sentían más descorazonadas por el peso de su ardua lucha diaria.

Antonio Farías Sáa, un hacendado portugués radicado en Sumampa (actual provincia de Santiago del Estero), entristecido por la falta de influencia religiosa en su distrito de adopción, y en particular en su aldea de Sumampa, decidió ayudar en la situación construyendo una capilla en su terreno. Escribió, entonces, a un amigo que vivía en Brasil y le pidió que le enviara una pequeña estatua de Nuestra Señora para su capilla. Quien tenía que llevar a cargo el compromiso, inseguro de cómo Antonio quería que se representara a Nuestra Señora, envió dos estatuas, una con la Madre de Dios con su Niño, y la otra, a la Santísima Virgen de la Inmaculada Concepción. Ambos eran sencillas, de pocos centímetros de alto, hechas de terracota.

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Corona Original de Nuestra Señora de Luján

Nuestra Señora de Luján llega al Río de la Plata

Al llegar al puerto de Buenos Aries, antes de emprender su viaje de regreso al interior, se hicieron preparativos muy elaborados, porque en esos días ningún viajero estaba a salvo de los ataques de los naturales. Argentina sigue siendo una tierra de vastas dimensiones, llanuras interminables, montañas románticas y un suelo benditamente fértil. Hace trescientos años, cuando las grandes distancias siempre significaban viajes largos e interminables, cada escala en un viaje era un evento para recordar.

La caravana estaba destinada a llegar a Sumampa lo antes posible. La Providencia, sin embargo, decidió lo contrario. El colono portugués que quiso renovar la vida religiosa de su pueblo se nos aparece desde la perspectiva de tres siglos, como un mero instrumento de Dios, destinado a realizar algo de diferente naturaleza a través de su piadosa determinación.

Comienza el milagro

Tras dos días de marcha la caravana hace noche en un paraje, cerca de un arroyo. Al alba, retomaron el viaje. Todas las carretas marcharon salvo la que contenía las imágenes de Nuestra Señora. Luego de muchos intentos se convencieron de que los animales estaban influenciados sobrenaturalmente. Bajaron primero la imagen de la Santísima Virgen de la Inmaculada Concepción y la carreta comenzó a marchar.

El lugar pertenecía a la viuda de Tomás Rosendo. Ella se llamaba Francisca de Trigueros y Enciso, y en el momento del milagro estaba casada con el contrabandista de esclavos Bernabé González Filiano y Hernández de Oramas.

El Negro Manuel y Nuestra Señora de Lujan

Al cuidado de la caja con la imagen de 38 centímetros de la Inmaculada Concepción quedo a cargo un esclavo que iba en la caravana. Manuel, así era el nombre que le pusieron en estas tierras, dedicó su vida al cuidado de la Virgen. Trigueros hizo construir una ermita con una vivienda, donde permanecieron hasta 1671. En ese año Ana de Matos y Encinas, viendo que la construcción estaba en pésimas condiciones compra la propiedad a uno de los herederos, Juan Oramas que era Cura Rector de la Catedral de Buenos Aires. Ella decide, entonces trasladar la imagen a su estancia, situada 30 kilómetros río arriba donde hoy se haya el Santuario de Nuestra Señora de Luján.

Ya en su casa al día siguiente la estatua desapareció de la capilla donde la había colocado, aunque sus puertas estaban debidamente cerradas y vigiladas. La Virgen fue encontrada en la ermita de los Oramas junto a Manuel. Creyendo que el muchacho la había robado, lo castigaron atándolo al piso y regresaron la imagen a la estancia de Matos. Sin embargo, la imagen al día siguiente volvió junto al afrodescendientes aun estaqueado. Sorprendida por los hechos la estanciera se lo comenta al obispo de Buenos Aires. Quien le aconseja que debe comprar al esclavo y tenerlo en su casa, ya que era deseo de la Virgen permanecer junto a él.  

La Basílica de Nuestra Señora de Luján

En su libro “María de Luján – El misterio de la mujer que espera” el historiador Carlos Miguel Buela cita el testamento de Ana de Matos

Interior del Santuario Nacional de Nuestra Señora de Luján

“todo el sitio que necesitare para la fábrica de su Capilla, con más una cuadra sitio en contorno de ella; y asimismo le hago donación de un cuarto de legua de tierras de mi estancia de frente sobre el río Lujan de la otra banda y ha de comenzar Río abajo, cinco cuadras distante del monte de árboles frutales que tengo en dicha estancia, y este cuarto de legua de frente ha de tener todo el fondeo que tienen las demás tierras de mi estancia, para hacer las cementeras y lo demás que fuere útil para la conservación y aumento de este Santuario”.

Poco después de que se completó la primera iglesia, resultó insuficiente para mantener a los peregrinos que venían de todo el vasto país. Ocurrieron muchos milagros registrados, y varios reyes de España otorgaron al santuario regalos y joyas tan ornamentadas como las donadas a los más antiguos y famosos de Europa. Argentina tiene muchos otros lugares sagrados dedicados a la Virgen, pero Luján es su Santuario Nacional. Varias órdenes religiosas, los carmelitas, los dominicos, los jesuitas, los franciscanos y otros han establecido iglesias y monasterios alrededor del santuario, que ahora está bajo la custodia de los lazaristas.

Historia del siglo pasado

En 1904, la imagen se colocó en la nueva Catedral, cuando aún estaba en construcción. La misma se terminó  y consagró en 1910. Es una de las más importantes del mundo y se puede comparar mejor con las gigantescas catedrales españolas. La diminuta figura de la Virgen, con sus ojos muy abiertos, rodeada de una aureola dorada, vestida con túnicas pesadas y brillantes y coronada con una gema que tiene diamantes, zafiros, rubíes y perlas, mira a lo lejos. Todo en ella es de la correspondiente grandeza. Tanto la riqueza material de un país como la fe vigorosa de su gente dan expresión al espíritu del Nuevo Mundo.

En 1930, con motivo del tricentenario de la fundación del santuario, la iglesia que alberga la imagen fue elevada al rango de Basílica. Al mismo tiempo, Argentina, Uruguay y Paraguay reconocieron a Nuestra Señora de Luján como su protectora.

Fuente: María de Luján – El misterio de la mujer que espera” Carlos Miguel Buela

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Miguel Cabrera
Author: Miguel Cabrera

Periodista especializado en turismo religioso

©2021 Los Cabrera Comunicación - ISSN 2683- 8435

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