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Archibasílica de San Juan de Letrán, la madre de todas las iglesias

Basílica de San Juan de Letrán, la madre de todas las iglesias

La fiesta de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán es celebrada por toda la Iglesia. Marca la dedicación de la iglesia catedral de Roma por el Papa Silvestre I en 324. Esta iglesia es la cátedra (o silla) del obispo de Roma, que es el Papa. Una inscripción en latín en la Iglesia dice: “omnium ecclesiarum Urbis et Orbis mater et caput”. Traducido, esto significa, “La madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad y del mundo”.

El templo se erige sobre lo que fue el Nuevo Fuerte de los Guardaespaldas de la Caballería Imperial Romana. Esta construcción la estableció Septimio Severo en 193 d.C. Tras la victoria del emperador Constantino el Grande sobre Majencio en la Batalla del Puente Milvio, la guardia fue suprimida y el Fuerte destruido. La nave de la Archibasílica de San Juan de Letrán se encuentra sobre esas ruinas.

Lo que quedó en pie lo ocupó el clan de Sextius Lateranus, el primer plebeyo en tener rango de cónsul, durante el imperio Romano. Nerón acusó a uno de los Laterani de conspiración en su contra, la que resultó en la incautación y redistribución de su patrimonio.

Este Palacio de Letrán quedó en poder del Emperador Constantino I al casarse con su segunda esposa Fausta. Tiempo después se lo entrega al obispo de Roma. Si bien no hay datos de esa donación, historiadores aseguran que ocurrió durante el pontificado del Papa Milcíades, para albergar el sínodo de obispos en 313. La basílica del palacio fue convertido y ampliado, convirtiéndose en la residencia del Papa San Silvestre I, y por último en la Catedral de Roma, la sede del Papa.

Detalles de la Archibasílica de San Juan de Letrán

Basílica de San Juan de Letrán, la madre de todas las iglesias
Frontis de la Basílica de San Juan de Letrán

El frontis de la Archibasílica de San Juan de Letrán una inscripción dice “SACROS LATERAN ECCLES OMNIUM VRBIS ET ORBIS ECCLESIARVM MATER ET CAPUT” (“Santísima Iglesia de Letrán, madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad y del mundo”). Una forma de indicarle al mundo que esa es la “Iglesia Madre”. En el siglo XII, los canónigos de Letrán aseveraron que el altar mayor albergaba el Arca de la Alianza y varios objetos sagrados de Jerusalén. La basílica se presentó, así como el Templo de la Nueva Alianza.

A la Archibasílica de San Juan de Letrán la dedicaron dos veces. Primero el Papa Sergio III los hizo a San Juan Bautista en el siglo X cuando se consagra el baptisterio. Por su parte Lucio II los dedicó a Juan Evangelista en el siglo XII. Así, San Juan Bautista y San Juan Evangelista se convirtieron en copatronos del templo, mientras que el patronazgo principal le sigue perteneciendo a Cristo Salvador, como lo dice su inscripción en la entrada y como es tradicional en las catedrales patriarcales. La Archibasílica de San Juan de Letrán se convirtió en el santuario más importante de los dos San Juan, aunque con poca frecuencia se venera conjuntamente. En años posteriores, se estableció un monasterio benedictino en el Palacio de Letrán, y se dedicó al servicio de la archibasílica y de los dos santos.

El templo definitivo

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A lo largo de los siglos la Archibasílica de San Juan de Letrán y su palacio sufrieron muchas modificaciones. Sin embargo, restos de su historia se conservan bajo sus muros.

Basílica de San Juan de Letrán, la madre de todas las iglesias

El ábside revestido de mosaicos conserva los mosaicos originales de uno de los salones del antiguo palacio, el “Triclinium” del Papa León III, un espacio dedicado a los banquetes del estado. En el centro, Cristo da a los Apóstoles su misión. Se observa a la izquierda la entrega de las Llaves del Reino de los Cielos al Papa San Silvestre I y el Lábaro al Emperador Constantino I. Por su parte del otro lado San Pedro le da la estola papal a León III y el estandarte a Carlomagno.

Restos en la Basílica de San Juan de Letrán  

Quienes hagan turismo religioso en Italia podrán apreciar restos de los edificios originales en las murallas de la ciudad fuera de la Puerta de San Juan. Una pared con frescos se encontró detrás de la Capilla Lancellotti, en el siglo XVIII. También quedaron al descubierto restos de edificios más antiguos cuando se realizó la ampliación del ábside en 1880.

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Un gran número de donaciones de los Papas y otros bienhechores a la archibasílica se registran en el Liber Pontificalis, y su esplendor en un período temprano fue tal que se conoció como la “Basílica Aurea” o “Basílica Dorada”.

En 897, su estructura sufrió severos daños a causa de un terremoto. En su reconstrucción resultó difícil trazar las líneas del antiguo edificio. Esta segunda basílica estuvo en pie durante 400 años antes de que se quemara en 1308. La reconstruyó el Papa Clemente V y Juan XXII. Se volvió a incendiar 52 años más tarde, y la reparó Urbano V.

La Archibasílica de San Juan de Letrán  conservó su forma antigua, dividida en pasillos por columnas. Su frontis posee un peristilo rodeado de columnatas con una fuente en el medio. El clásico diseño de la Antigüedad tardía que también se refleja en la antigua Basílica de San Pedro. La fachada tenía tres ventanas y estaba adornada con un mosaico que representaba a Cristo como Salvador del mundo.

Los portales de acceso estaban decorados con frescos, pintados no antes del siglo XII. Dentro de la archibasílica, las columnas corrían, como en todas las demás basílicas de la época, a lo largo de la iglesia, de este a oeste.

En busca de la belleza en la Madre de la Iglesias

En una de las reconstrucciones, realizada por Clemente V, se encajó una nave transversal, sin duda imitando la añadida, tiempo antes, a la Basílica de San Pablo Extramuros.

El copón sobre el altar mayor data de 1369. La Silla Estercolaría, de mármol rojo, se encuentra ahora en el Museo Vaticano. Debe su nombre desagradable al himno cantado en las coronaciones papales anteriores, “De stercore erigens pauperem” (“sacar a los pobres del muladar”, del Salmo 112).

Desde el siglo V, había siete oratorios alrededor de la Basílica de San Juan de Letrán. Estos luego se incorporaron a la iglesia. La devoción de visitar estos oratorios, que se mantuvo durante la Edad Media. Dando lugar a la devoción de los siete altares, todavía común para quienes hacen turismo religioso en Roma y otros lugares.

De la fachada de Alessandro Galilei, la valoración cliché siempre ha sido que es el frente de un palacio, no de una iglesia. El frontis de Galilei, que es una pantalla a través del frente más antiguo que crea un nártex o vestíbulo, expresa la nave y los pasillos dobles de la archibasílica, que requería una bahía central más ancha que el resto de la secuencia. Galilei lo proporcionó, sin abandonar la gama de aberturas idénticas con cabeza de arco, extendiendo la ventana central con columnas flanqueantes que sostienen el arco, en el conocido motivo serliano.

Al adelantar muy levemente el tramo central y coronarlo con un frontón que se rompe en la balaustrada del techo, Galilei proporcionó una puerta de entrada en una escala más que colosal, enmarcada en las maravillosas pilastras corintias emparejadas que unen la fachada de la manera introducida. en el palacio de Miguel Ángel en el Campidoglio.

Si has visitado la Archibasílica de San Juan de Letrán cuéntanos tu experiencia enviándonos un mensaje en el formulario de contacto

Maria Cristina Napolitano
Author: Maria Cristina Napolitano

María es guía local con una licencia oficial de la región de Campania

©2020 Los Cabrera Comunicación - ISSN 2683- 8435

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